Más de un año ha pasado desde la última vez que escribí en este blog. Más de un año repleto de grandes momentos y otros menos buenos pero que me han ayudado a crecer como persona. Disfruté de un viaje maravilloso por toda Italia con mis compañeros de facultad, monté mi propio negocio de artesanía, hice mis primeras prácticas, obtuve mi primer trabajo, me gradué. Volví a viajar, me aceptaron en un máster, me concedieron la beca para cursarlo, hice nuevos amigos, superé con mi familia una mala racha. Planee mil escapadas, me atiborré de helado en verano, hice mil viajes con el coche, leí cientos de libros, escribí miles de historias y soñé. Soñé como loca. Soñé, soñé, soñé. Y viví. Sobre todo viví.
No me olvidé de este blog, pero tampoco lo utilicé, y eso que tuve la suerte de dar literatura este año y tuve que escribir a tope. Y sin embargo, hace unas semanas me entero de que alguien ha descubierto mi blog, y está encantada. Que está preguntando por cuándo actualizaré, por cuándo podrá leer algo nuevo mío. Y entonces vuelve la morriña, el recuerdo de esos días en los que con gran cuidado derramaba mis sentimientos en forma de versos o prosa. Y me digo a mí misma, que si hay alguien que le gusta leerlo, no voy a ser yo quien le prive de ello. Así que sí, ¡vuelvo a la escritura! (a la bloggera). Para empezar estas semanas voy a publicar las piezas que he ido creando en este tiempo (algunsd del poemario que tuve que realizar para la facultad, y otras que se quedaron fuera) y poco a poco iré publicando nuevas.
Gracias a esa lectora tímida, que pese a no haber comentado, me ha devuelto las ganas de volver al mundo blogger. Ella sabe quién es.
Y gracias al resto que también me han estado apoyando y preguntando, pero que por estar acostumbrada a ellos, no hice caso.
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