A la vista de las últimas noticias en política, viendo como los medios falsean las informaciones, fragmentan entrevistas, y atacan sin compasión según les conviene -casualmente apoyando siempre a un partido u otro del ya añejo bipartidismo español-, no puedo evitar escribir algo al respecto. Y es que esto me recuerda mucho a algo que ya publiqué en este blog (aquí), una reflexión después de ver una sesión del Congreso... Lamentablemente no sólo no ha mejorado la situación sino que ha empeorado aún mas si cabe.
Ya lo vimos con el asunto del ébola: la gente se cree todo lo que ve. Y pican el anzuelo que los poderosos ponen, les ponen un conejo blanco y corriendo van tras él, sin preguntar por qué lo persiguen, por qué han de correr, por qué han de atraparlo. Y quien dice un conejo, dice un perro. Y quien dice un perro, dice una enfermera. Cualquier cebo, cualquier elemento disuasorio que pueda alejar la mente de las personas de los verdaderos culpables, de los verdaderos problemas.
Es una verdadera lástima que nuestros líderes de opinión, aquellos a quienes el pueblo cree toda palabra que sale de sus bocas, sean los menos indicados. Que sigamos a personas cuya credibilidad sea igual a cero, ladrones, mentirosos patológicos, sujetos que dicen ser neutrales pero que en cuanto se les presenta un maletín delante venden hasta a sus madres. La política en España se ha vuelto un patio de colegio en el que lo único que se oye es - "Tú has hecho esto" - "Pero tu más". Personas, si aún pueden ser llamadas así, que no merecen nuestro respeto, que juegan con la salud, las vidas de la gente desde sus cómodos asientos. Que tienen que conservar sus coches oficiales pero se permiten el lujo de recortar en educación y sanidad... total ellos y sus familias pueden permitirse ir al sector privado... Ojalá algún día puedan ponerse en el lugar de los demás, de los ciudadanos de a pie... ¿cómo vas a cobrarle una multa a alguien que rebusca en la basura? ¿En serio creen que si tuviesen ese dinero estarían precisamente ahí? Parece que los problemas del país son para ellos un elemento de ficción que ven en la tele, pero que, al fin y al cabo es algo exagerado o no real. Lo peor es que la mayor culpa la tenemos nosotros, que no somos capaces de quitarnos esa cómoda venda de los ojos.



