Color y luces, una sonrisa en el rostro, y música en el aire.
Un corcel ocupado que da vueltas en una plataforma volante.
Ojos cerrados y cabello revuelto por el aire.
Bucólica estampa, niños jugando y el aroma a dulce en el ambiente.
Un carrusel, que gira tranquilo y constante.
Oye como la llaman, escucha las risas y los susurros de sus acompañantes.
Abre los brazos y se siente libre, libre y dichosa.
Y nota como gira, meciéndola suavemente.
De repente un grito; los ojos abre y el ambiente cambia.
De repente se ve sola ahí arriba, ¿dónde ha ido la gente?
Gira pero ya no dulce, gira pero no estable.
El tranquilo paseo se vuelve un túnel de pesadilla, se aferra al caballo sin intención de soltarlo. El pelo le cubre los ojos, en una huida desesperada que busca dejar atrás un monstruo invisible.
Gira y se marea, gira y entra en pánico, ¿Por qué sigue girando?
Las sonrisas y el maquillaje alegre, transformados en muecas y rostros de pesadilla.
Y el carrusel gira, gira cada vez más deprisa.
La divertida melodía ahora no son más que chillidos y estridencias, combinados con zumbidos y ruidos mecánicos.
Y gira, y sigue girando.
Ella mira a la multitud, busca los rostros antes familiares pero solo ve siluetas difuminadas, que desaparecen, que lucen distorsionadas, sumergidas en la espiral en la que se ve atrapada.
Gira, gira y no para.
Intenta bajarse pero no puede, continúa el trayecto sin que ella pueda evitarlo, va hacia algún sitio, pero no sabe hacia donde, ¿Acaso no ha vuelto al principio? ¿O el carrusel ha abandonado?
Gira, gira, gira, más rápido, más aterrador, no se detiene...
¿Cómo volver a donde todo empezó? ¿Como cambiarlo todo? Las dudas la embargan... ¿es esto un castigo? ¿está recibiendo lo que se merece? Con cada vuelta, una lágrima queda pendida en el aire, y ella se encuentra perdida, y poco a poco acepta ese viaje. Con cada suspiro empieza a aceptarlo, con cada vuelta se da cuenta. Pestañea y se encuentra a salvo, sus pies rozan el césped de la explanada, y mira hacia atrás, el carrusel sigue girando, pero ella ya no es una visitante, sino que forma parte de los integrantes, los miembros feriantes, que guían a las almas perdidas entre el sueño y la vigilia, espectros de lo que eran, niños perdidos en un mundo cruel y desalmado. Y una sonrisa aparece en sus labios, más no queda rastro de dulzura, la malicia inunda sus facciones y sus ropajes de arlequín mece el aire. Con un movimiento del brazo, ofrece su enguantada mano y deja pasar a los próximos visitantes.
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